viernes, 3 de agosto de 2018

El reggae y el ídolo, una música que canta revolución.

Marlon James escritor de Jamaica. Foto por Julio Bravo.


Libro incautado
Julio Bravo

El corazón de la mañana abre su cáscara como portales de la felicidad. Tengo un alma ardiente (viejo fogón de barro donde se cocina el cariño por el Sol), asumo entonces, en mí, un espíritu de llamarada creciente y he de admirar los días en que el astro rey solar lo embellece todo.
          Sin embargo, esa luz diáfana queda allí, puesto que una vez que se ha tomado el libro, éste te atrapa por el cuello y... en ese espacio una garganta degollada hace trescientos años y una muerte en la cuna de hace dos minutos son lo mismo... Aquí,  Marlon James con estas palabras nos tuerce y mi amor por la playa y el mar, es volcado para apretujar las entrañas. Sí, aquel paraíso de nubes y palmeras con brisa marina nos va despellejando en el interior. Su libro Breve historia de siete asesinatos es una lectura que logra bajarnos la guardia, apunta con arma cargada y pone en dilema la vida.


Un texto de voces variables. Foto por Julio Bravo.


El tiempo, la muerte de un sopetón;  llegan, anidan en una especie de escozor y nerviosismo que la piel no deja de sentir con tal agudeza en este día brillante para al segundo siguiente oscurecer. Ahora escribo inseguro, con esas palabras  que remueven la certeza de vivir como una fatalidad de la existencia. Los vivos esperan a ver qué pasa porque se engañan a sí mismos creyendo que tienen tiempo. Los muertos ven que pasa y luego aguardan.
          Jamaica en tinta negra sobre blanco; la historia de un pueblo que padece la violencia, la pobreza y el hambre... Setecientas noventa y dos páginas cantan la fúnebre leyenda del intento de asesinato a Bob Marley y, aquella época de pandillas, de corrupción política en la isla más famosa por tener al rey del reggae y el uso constante de la mariguana. Este texto de Marlon James no sólo personifica los males de un país plagado de mafia y desigualdades sociales, no, también es un discurso alejado de celebrar la paz paradisiaca de sus atributos naturales y a su misma vez contempla con ojos recientes el uso desmedido de las drogas. Testimonio que petrifica y abunda en cómo una sociedad constreñida, solventa reformar su identidad en los estragos del bajo fondo de sus calles.
          Ya podemos entrar en materia de barrio, y es ahí donde yace el ánima más poderosa de la isla que es la música; su cultura moderna que proviene desde el Ska hasta el Reggae, así, se redactan los más años sangrientos de Jamaica.


Lecturas que sobrepasan expectativas. Foto por Julio Bravo.

Marlon James ganó el premio booker 2015 con esta novela donde desprende una prosa verbal de variabilidad majestuosa. Cuenta ahí, los vicios, las virtudes de los hijos caribeños de la América insular. No se trata del libreto de una cinta de cine, sin embargo, el traqueteo textual de la metralla de James rasga ese edén de montañas verdes como si saliera en tercera dimensión de la pantalla. El lugar cálido y húmedo es propenso para la muerte de otro soñador que desea la libertad y ser feliz en su tierra.
          Callejones y espesa selva donde crece la hierba sagrada del creador; humo alegre se alza, corre de boca en boca, de mano en mano quemándose y adentro del que fuma es catapultado a la visión de los dioses. Música del gueto inspira la calada profunda enrojeciendo los corazones aprisionados por el odio; por quedar fuera de sí en un territorio menospreciado que desde la temprana infancia le ordenaron llamar casa. Los delincuentes son los niños perdidos de la comunidad, los criminales son los jóvenes del histórico sitio de Kingston y sus alrededores. Separados de un terruño que debería gestionar las posibilidades vitales y económicas, su hogar sólo ofrece el crimen, defunción su ciudad. Nos dedicamos a esperar... Matamos por dinero. A veces a un men lo liquidan porque a otro no le ha gustao cómo lo miraba. Y pa matar no hacen falta razones. Esto es el gueto ¡eh! Las razones son pa los ricos. Nosotros tenemos locura.
        Esta realidad aquí ficcionada en Breve historia de siete asesinatos, revela el brutal contra sentido de existir, ya que responde a reglas de un habito oscuro que busca en la sangre, en el poder y el dinero fácil, una respuesta satisfactoria para sentirse vivo. Jamaica región de pandillas, sicarios, políticos sucios, todos ellos comparten el mismo destino, la muerte segura por pistola. Cuerpos de pandilleros que revientan como globos pinchados al recibir cincuenta y seis balazos. Sobre esta atmósfera aterradora, en las líneas de tan increíble libro editado en el sello de Malpaso, con un trabajo de traducción impecable a cargo de Javier Calvo y colaboración de la escritora Wendy Guerra; comenzamos por atisbar las luces y sombras que dominan las acciones, perversiones humanas que germinan en el individuo en sociedad. Muy a pesar de la saña, de la malevolencia con la cual se perfilan los personajes del libro ganador del premio booker, visualizó una tesis que abunda en una posible escapatoria de estos padecimientos criminales en los que los engendros que por razones propias o ajenas deciden transitar en la ruta de la mentira, la estafa y el juego terrible de los matones. Esa vía de fuga es la música; el arte de tomar el instrumento y el canto para excitar el ánima de la raíz de la tierra, de su habitante para ser el propiciador, el liberador de esos sonidos ancestrales que son amor, unión y paz... ...queríamos ir a un estudio y grabar mi tema y cantar hits y usar la música para salir del gueto.     

Un libro sobre música, sociedad y crimen. Foto por Julio Bravo.

Nota: Las letras escritas en cursivas, son fragmentos de la novela de Marlon James, “Breve historia de siete asesinatos”.

sábado, 21 de julio de 2018

De música y libertad de fiesta.

La banda Peregrino realiza la apertura de la Fiesta de la música en el museo del Chopo. Foto Julio Bravo.


La fiesta de la música en México 2018
Julio Bravo

El infierno en un día; pálido y lluvioso; incrustado en la fachada triste de la urbe, día tallado en trabajos que escamotean la consistencia de una piedra caliza nombrada recuerdo. Memoria de lo vivido entre bajos y altos relieves de los muros de la capital, constancia del presente y el pasado alternando minutos consecutivos como torrenciales que labran la prosa de una lectura a ciegas; de un encuentro con el ayer y el ahora, mezclado con ciudadano y ciudad.
          El renacer de la fotografía y el texto en un ardid para encender fogatas, para contar lo sucedido. Así, incautos ojos que persiguen estos párrafos, créanlo o no, pese a todo, uno se empapa siempre que la lluvia redobla sus gotas sobre nuestra corpórea insignificancia. Aquí, digo lo que no se escribe pues la evocación tripula veloz y los parajes se intercalan con el girar del destino de los libros y la foto, para así surcar por fin en algo más amplio y fortuito.

Sátiros la segunda banda de Funk fusión que se presentó en el Museo del Chopo. Foto Julio Bravo.
La furia no disminuye en ardientes días infernales, puesto que el mundo, nuestro sitio, nada transparente en ocasiones e indiferente, va desprendiendo láminas milimétricas de recordar y vivir. Lo que apunto con escasa claridad, está referido a un viernes frenético por quedar convertido en quincena y aguacero. Por ser especialidad de la fantasía que se entreteje con trabajo y sueño cumplido.

Lise la cantante francesa que cerró la noche de la música. Foto Julio Bravo.
La fiesta de la música estalló -un festín donde corrían todos los vinos, donde se abrían todos los corazones-; no sin antes, retirarnos la ropa mojada, comer tostadas de tinga y salir al distrito (D.F.) buscando taxímetros no alterados con choferes afables. Rememorando al poeta Rimbaud cursivas arriba, uno comprende aquella alma revolucionaria del pueblo francés.

          Empero, para los extraviados de ruta, ¿qué es, cómo y dónde nace la fiesta de la música? Ésta fiebre sonora se gestó en Francia en un acto de libertad como acción para escrudiñar los arcaicos esquemas de la segregación, es decir, la finalidad era quebrar la censura, aquel mal de establecer tú sí y tú no con una tiranía irreductible.
Esa llave es la caridad, así nació la fiesta de los sonidos en París, con una filosofía simple e incluyente; un evento musical gratuito, donde los músicos tocan por voluntad propia y el público disfruta una mezcla de bandas y géneros que apoyan la premisa del acceso libre. Sin fines de lucros, con lugares al exterior y foros cerrados que deciden resguardar en su recinto la generosidad compartida. El 21 de junio en las calles de Francia y ahora de México y otras partes del planeta; la música se apodera de las plazas para manifestar diversión y diversidad: un día para trastocar el silencio, el rumor cotidiano y mutar el solsticio de verano por un día que permita escuchar nuevos ritmos que agradecen la revolución de la armonía musical.
Si se indaga en el sentido humano e histórico, podríamos ligar la fiesta de la música moderna, con un festejo semejante a la celebración-culto de la antigua agricultura. Festejo para vitorear por los aires una guerra en contra de todo lo silente, contrarrestando el silencio con ruidos armónicos y estridentes, para hacer florecer los frutos de la emancipación del ruido melódico.

Folk, Rock y Blues en una fiesta multi sonora. Foto Julio Bravo.
La sede y sus protagonistas.

El museo universitario del chopo a vuelta de rueda con los estragos de la mugre y los baches como nidos de agua. La impaciencia por llegar a tiempo es una lenta letanía que logra enfadar a los más optimistas. Incluso con la hora ya desvanecida del retardo, uno alcanza a llegar justo en el comienzo. Allá se vislumbra las torres afiladas del museo y, en cosa de nada ya se está adentro de su fresco foro en penumbra, oyendo como los músicos afinan su instrumento.
          El voluntario fotógrafo y de aquí redactor llegaba tarde con el milagro de tener tres ojos en uno que congela, al instante la satisfacción contrajo nupcias con la oscuridad y apresure a colocarme la cámara al brazo igual que una serpiente saudita se enrolla a la epidermis del encantador.
PEREGRINO emergía de las rojas luces y con celeridad disparé instantáneas a los intérpretes; buscando entender su propuesta que ya se hacía con el auditorio entero. Folk, Blues y aquella voz matizada con rasgos de Grunge, permeaban en mí esa sensación sanadora de estar en el lugar indicado con la atmosfera idónea. Ellos tocaban con una saturación de verdes, azules y naranjas. Azul fuerte del mejor Blues salía de las cuerdas de la guitarra de Eric Miller; la raíz del Rock se expandía, y es al Rock a quien se le debe la popularización de un ente cosechado en los campos de Memphis y vuelto universal por el corazón afroamericano. Peregrino tiene en su base artística un espíritu ancestral de la tierra norteamericana que expele con profundidad y acento folklórico, el vocal Jairus Mcdonald parece desprender de su canto a la liebre, al cactus y al zorro; brotan de su pecho ingentes rocas y desiertos que hacen escuchar un sonido salvaje en un Country de una ejecución depurada. La formación completa de Peregrino ilumina el escenario con José Grageda bajista y coro, por último Ian Vázquez al fondo en la batería tocando con una fuerza animal.

Una de las bandas mexicanas de Funk más potentes. Foto Julio Bravo.
Acumulando tonalidades cromáticas y compases, mi lente captura las posturas del chico-guitarra y del hombre-bajo. El calor se concentra entre los asistentes y no hay furor más estrepitoso del que sudar haciendo las cosas que amas.
Los pies de los espectadores en Buenavista y sus ánimas contagiándose de la fiesta parisina, las palmas, los gritos celebran sin cesar lo diverso. Así entra SÁTIROS un grupo nacional con fusiones del Funk, el Soul y características rítmicas del Jazz. Aquí, en ésta dimensión abierta del tiempo, la cuarta cuerda del bajo golpea con firmeza, el saxofón se pronuncia con ímpetu y la voz femenina nos cuenta historias de nuestro México. Ya no existe motivo para no pasarla bien, todos en una misma unidad nos volvemos cómplices y la misión de combinar una banda con otra borra las diferencias que pudieran afectar a la no tolerancia. Los músicos, hijos de la patria mexicana no se detienen, armonizan el territorio del Chopo y cumplen con la tarea de enriquecer los oídos. Con cuernos y la tiara de flores, Sátiros me remontan a la vieja escuela del Rock en México. La nostalgia ingresa a mis sentidos y pienso en Santa sabina, en la Castañeda y vuelvo a creer que nuestra juventud, siempre podrá recurrir a sus mentores y demostrar que todavía hay mucho que tocar. La fluidez de un grupo y otro no dejaba de acrecentar la sorpresa y el turno final, apenas y podía resistirse.   

Lise la nueva Diva del electro. Foto Julio Bravo.
Electro pop francés.

LISE, bajita y menuda, con la coleta negra de lado, instala teclados y demás aparatos. La sombra se hace más estrecha en el centro del templete y sólo vemos a la chica francesa conectar cables; ir y venir de un lado a otro, causando mayor revuelo sobre qué show será con el que la fiesta de la música decide cerrar.
          Minutos después Lise sorprende las miradas con un atuendo brilloso de lentejuelas doradas y tacones traslucidos. Atónito el gentío se deja transportar por una voz dulce y ruidos sampleados; sintetizador en mano y una artista que para muchos era desconocida y para algunos más sonaba como de antes, es decir, como si ella nunca hubiera dejado de sonar en nuestra mente. Pues su talento al cantar se nos transforma familiar. Hablo con esta peculiaridad, respaldado por todos los que nacimos y nos alimentamos de la época de los ochenta. En Lise es maravilloso advertir esos sonidos al estilo de un videojuego y virarnos de inmediato a la balada de la canción francesa. La polifonía es un juego de luz y el canto nos estremece, nos arrebata para seguir con gratitud una de las noches más largas del verano.

martes, 19 de diciembre de 2017

El Grafiti como padre del nuevo arte mural.

Cynthia Arvide, periodista independiente con su libro "Muros somos los nuevos muralistas mexicanos". Foto Julio Bravo.



Las fachadas y los muros que pintar.


Julio Bravo


Comenzaré a la sazón del discurso; con el pecho henchido de Chara. Voy a disfrutar éste solemne trino ante el púlpito fantasma de lo digital. 

        Quiero sonar al agradecimiento cooptado en la boca, con mi voz suturada al pulso del bolígrafo. Así como Octavio Paz en Estocolmo tomó la gratitud y supo desgranar en texto y palabra, así, celebro “Muros somos los nuevos muralistas mexicanos”, un libro de Arte urbano que localiza a 20 artistas del mural. Aplaudo la investigación de la autora; investigadora y periodista Cynthia Arvide que tras años de recolectar anécdotas y testimonios, funde en documentos lo que podría fenecer en lo efímero; aquel libro visual se carga de permanencia y posteridad.

Cynthia Arvide y La Cifra editorial, unidos por el libro de Arte urbano. Foto Julio Bravo.

Al hojear Muros somos… entiendo la magnitud de la longevidad del ser, es decir, nos acercamos al re encuentro con las costumbres más antiguas del Planeta. Pienso en Sumeria, Egipto, Grecia; Aztecas y Mayas en Mesoamérica y, las imágenes que retengo en la memoria son aquellas murallas de piedra pintadas con Dioses y Héroes, contando leyendas de la idiosincrasia de cada pueblo. Entiendo hoy, que estos muralistas del siglo XXI figuran bajo las mismas leyes, cuentan con la tradición y sin ella una historia distinta de nuestro entorno cotidiano sería cantada. El acto de colorear una pared, de rallarla con la sentencia de que el padre de éste arte callejero es el Grafiti; resulta de un suceso de marcar territorio, de dejar huella para la eternidad. 

        En la Roma del año 753 a. C., se especula, que las gentes inconformes con el César, garabateaban los muros de las ciudades con afrentas políticas; chismes y rebelión. En el milenio que corre, realizar grafiti, es también una postura de protesta social, un dialogo urbano con pintura, concreto y humanidad. Todo esto convertido en la posibilidad de mostrar realidades a los ojos del paseante, a los ojos del vecino; a la visión completa de un país y sus ciudadanos. En la era de Internet, la evolución del street art se posiciona en la frescura del muralismo mexicano que obtiene referencia desde artistas como Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros por nombrar algunos de nuestro México. 




Cynthia Arvide relata que todo surgió haciendo un reportaje y de ahí el interés por el muralismo moderno. Desde 2012 comenzó a entrevistar y ponerse en contacto con los muralistas del México actual, rescatando un valioso material que pudo complementar con la fotografía de Federico Gama y así La Cifra editorial consolida en un libro de gran formato. Lo que narra Cynthia sobre el muralismo de artistas como Saner, Fusca, Jesús Benítez y demás personajes, se sitúa en el tema generacional; estos talentosos muralistas comparten nacimiento entre fechas que coinciden en los años ochenta y noventa. Temas como la mezcla y la postergación son descritos por Cynthia y, se condensan en que el sentido de hacer muralismo proviene de la diversidad de ideologías artísticas. El color y la alegría de pintar un muro gris y replantear su rostro es la constante. La transformación de la fachada en símbolo y tradición; en sueños que puede compartir la comunidad es la tentativa para que cualquier muro de la calle, cualquier muro del mundo tenga una nueva identidad pictórica.


sábado, 4 de noviembre de 2017

Enrique Dunn, director y voz principal de la Orquesta y coro Perfect Roses. Foto Julio Bravo.



La noche de todos los muertos.

Julio Bravo


En el camino del Zackbé ya vienen los descarnados; las calaveras que cimbran de felicidad, en su regreso desde el Mictlán a probar los sabores que en vida disfrutaron. Comida y mezcal, lujos mexicanos adornados en mache… la ofrenda más vistosa de toda fiesta de la mexicanidad.

Negro y rojo y una voz en la oscuridad. Foto Julio Bravo.

Y en el abrigo de la noche del primero de noviembre, la vista se llena los ojos de calacas y otros horrores; hay ahora, una mezcla de tradición y cosa extranjera. Los niños y niñas son brujas y payasos malditos. Ya no creo en la melancolía de las viejas glorias, sin embargo, hay un rezago muy fuerte de lo que somos y en lo que ya nos convertimos, hay una identidad disfrazada que persiste en el sueño antiguo. Hoy es tiempo de dejar crecer, mirar hasta dónde nos lleva la mescolanza de culturas.

El coro de Perfect Roses. Foto Julio Bravo.
Lo mismo de siempre en mí, el pasado y el futuro que se distorsionan en el texto que redacto en el presente, en el instante que quiebra lo detenido, es decir lo intemporal. Vago hacia la música, hacia la fusión de jóvenes artistas que sangran música, amor y dolor. No es la vez primera que escucho a Perfect Roses; ellos iniciaron andadura desde el año 2009, y esta vez, me los encuentro en su ruta de noviembre, en la noche de los difuntos. En este encuentro reciente, Perfect Roses confirma su sonido único, cargado de esa atmósfera vampírica con una orquesta que trabaja la pulcritud de sus instrumentos en la viola, el violín, el cello; potentes armas de cuerdas que se cuelan en los oídos. El coro de voces femeninas, toca cada fibra sensible del alma, todo junto con bajo, batería y guitarra encarnan éste fenómeno llamado gótico sinfónico. Así que, la madrugada poblada de monstruos; de catrinas y flores tan amarillas como el sol, orientan ese camino que no es duda, pero sí vacilación, pues hoy se está vivo y mañana toca perecer.

Él, director de Perfect Roses. Foto Julio Bravo.
Siendo la sombra y la fotografía, hago uso del lenguaje florido de los que ya no están y en la noche de los muertos que regresan, el destino es seguir, escuchar, poner pulso al corazón y comprometerse a no desistir, aferrase a la vida que cada día nos revela que debajo de la piel somos el mismo rostro, el de la muerte con el mismo color de los huesos.

Celebrando a los difuntos. Foto por Julio Bravo.

martes, 11 de abril de 2017

Un asilo de libros y una playa de palabras.

Beatriz Cecilia en Librería Icaria, foto por Julio Bravo.


Sirenas en Icaria

Julio Bravo



Su voz vuelve la noche roja sobre mis papeles; la observo abrazada por los libros y permanece levitando en una lenta espiral con olor a café. En un relato mezclado con pasado, presente y memoria: Beatriz es la poeta de los sentidos y los me dueles; de las madrugadas anheladas por una Luna que incendia con erotismo, es la hechicera de un océano que se disfruta a respiraciones de mar abierto, pues cada poema suyo es crespo y frondoso; ella, la poetisa-actriz lee, interpreta con guion de un engargolado de pasta negra en la sala literaria de Icaria. Sentada a un lado del rincón que da hacia Romero de Terreros, en aquella casa, entre aquellos lomos de los libros en los libreros, hace vibrar con su poética a los guardianes de las letras y provoca olas y mucha espuma. Frente al público, la cachonda Dama pone ardor en los oídos y en la página. Con un canto fino y con sutileza; con la voz orientada al aire que recibe la metáfora hacia los ojos pulsantes y embelesados; frente a los lectores, Beatriz Cecilia sueña-sonora con una voz "cálida y maternal." En ese espacio, en ese sitio onírico, sobre la arena de la isla, se vive un experimento con las letras y el arte, una nueva raíz con las personas.


Somos historia es oralidad y canto. Foto por Julio Bravo.


Encima de esta historia apenas punteada por los dedos y entretejida por las evocaciones, pruebo a la práctica "De mis humedades vengo" y escribo un simulacro de agua con tiza: una mini ficción que versa sobre un capuchino que sabe a gloria, con un sabor a blancas nubes de volcán y poemas de un sábado lírico. Entonces; ella cantaba en la playa-librería y yo fotografiando estática en la luz de sus labios, a través de sus lentes los versos se reflejan en un juego de espejos, y yo fotografiando y ella cantaba; ahora vuelo igual que Ícaro en la mitad oscura de las sillas rosas, revoloteo en las paredes verdes y hago referencia de la presentación nocturna para renacer en el texto. 

En aquel lugar de palabras y de ríos y de estrofas quijotescas, compré su primer poemario y redacté sobre él un tiro de naipes textual; una introspección con la pluma. Y ahora el argumento toma notas sobre coordenadas ignotas, impresiones de la ferocidad creativa de la poeta en el poema. Recordé que es una sirena y que su poesía es sublime. Que sus palabras la describen exacta: "violentas y sensuales."

Con la poesía en el pecho. Foto por Julio Bravo.

Prometí de vuelta a mi cama no soltar el cuaderno y el poemario de Beatriz. Durante el trayecto, cuidaría del hijo húmedo de Cecilia, lo leí con cuidado, tratando de paladear una y otra vez en voz alta cada palabra. Allá, en el cielo oscuro la sonrisa del gato y las estrellas, en mí, el lejano mundo de Alicia y los eventos extraordinarios en una tierra de libros y escritores. De regreso a las ventanas y los muebles de la isla, reconozco a la mariposa y el trompo mexicano, la cara de Schopenhauer en una portada rectangular y a lo lejos la trompeta de Chet Baker suena; las risas y los abrazos de los ahí presentes: En la bahía con su viejo y nuevo mundo de las editoriales, traen desde sus mares sirenas con oralidad y canto. 

En ICARIA/EME se presentó Somos historia de Beatriz Cecilia y se supo por su manto verbal, eso que canta arrullando con un tono de llama y goce: y ella cantaba y yo fotografiando el relámpago en su boca; y yo fotografiando y ella cantaba un fulgor candoroso. Beatriz Cecilia, portadora del espíritu del bolero y la cerrazón, la poetisa es el romance y el fuego entero de la vida en el amor. Hace teatro con el verso, lo habita y lo llora. Es De mis humedades vengo un poemario de manos suaves y fortalecidas. Una obra de profundidades donde Beatriz se disuelve y se completa en una encrucijada donde abre puertas, atravesándolas con un universo propio y lúdico, pues sus palabras se revientan sin miedo, con piedad y sin ella: “depositar en él (su libro) mis penas, desvaríos y discordancias.” 

Nota: Las letras en cursivas provienen de fragmentos del libro de Beatriz Cecilia De mis humedades Vengo, publicado por editorial Verso Destierro en 2010 y de venta en Librería Icaria.

Dando su voz a un texto inédito. Foto por Julio Bravo.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Mala Rodrígez y Ari Puello en Texcoco.

Texcoco y la cultura. Foto por Julio Bravo.



Por el camino a Piedras Negras.

por Julio Bravo.



¡Vamos, el boleto a Francia cuesta mucho; visitar la embajada de España no es un paso exacto para obtener la nacionalidad e ir y venir cuantas veces se quiera! Y las grandes vacaciones y los momentos luminosos en que alguien se entrega a la tarea de conocer un lugar, no siempre son certeros y lejanos. Valdría la gloria conocer al sitio de residencia y luego sí, viajar por la tierra entera y descubrir.

Mala María dando todo en Texcoco. Foto por Julio Bravo.

Para usar coordenadas capitalinas, pensemos que todo fluye al acorde primero y sucesivo de salir por todas las rutas para llegar a Texcoco. Se puede llegar por Chapingo, tomando una combi que sale de Bulevar aeropuerto. Pero si se desea un rato de comodidad, la México-Texcoco en los camiones que salen de la Tapo, sirven de maravilla para tomar un ligero sueño. Ahora bien, este camino que nos lleva a Texcoco, se define por ir a Piedras Negras. Es un camino que demuestra a ese México bárbaro que nunca ha muerto, también en algún momento, uno pensaría que no hace frío, puesto que en el camión uno va tan tibio y arrullado que nadie pensaría en traer algún abrigo formidable.

Ari Puello dando candela. Foto por Julio Bravo.

Si las cosas han salido tal cual, nuestra llegada no se precisa en Piedras Negras, este fin de trayecto, el mío y al que los invito, está cercado por ir y disfrutar del Centro Cultural Mexiquense Bicentenario. Al situarse sobre este edificio marrón y con una estructura moderna, agua y vegetación; uno puede relacionarse con espacio y arquitectura, con tiempo y distancia. Es decir esta cualidad que embellece a Texcoco rompe con sus estampas creadas por generaciones, yo no veo caballos ni botas, ni sombreros. Si hay montañas y nubes blancas y un cielo azul sin filtros fotográficos y, cosa común ahora en el país, un Oxxo en cada esquina.

La reina del Rap en castellano. Foto por Julio Bravo.

Mi llegada a esta parte del Estado de México se debió al Festival de las almas de oriente, donde un concierto de Hip-Hop en castellano estaba a punto de iniciar. El teatro al aire libre es hermoso, tiene un diseño fino y con todo lo que un espectáculo de talla internacional merece. La gente había llegado temprano, y el frío era un vendaval que afectaba a todos los espectadores que soportaban el helado sol de esta parte que alguna vez conecto por lagos la ciudad completa de Tenochtitlán. Las estrellas que harían las delicias de los escuchas tienen una presencia de impacto sobre el Rap en español, Ariana Puello es conocida por los barrios bajos de México, fue una de las primeras españolas que se dieron a conocer con su trabajo. Después, la gran Mala Rodríguez la reina que al principio no fue aceptada por el público mexicano, y el de hoy en día la adoran. Ese día gélido fue ovacionada y amada por completo. Debo decir que la unión de cuerpos y el fuego de humo blanco y perfumado terminaron por mermar aquel momento de viento congelado para dar calor y afecto a un lugar que ya no es tan sólo el referente de la Feria del Caballo, ahora es la próxima ciudad futura y el suelo donde se construye el aeropuerto que se supone pondrá a México en la vanguardia del mundo.

La mujer chunga desde Gerona. Foto por Julio Bravo.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Súper Ari.

La mujer chunga en el barrio, foto por Julio Bravo.



Desde Gerona para México.

por Julio Bravo.


Por mi boca hablará el ruido, el tiempo, de entre jirones contaré que la conozco, la conocí y de la constancia de escucharle, coincidimos. Es Arianna, gancho perfecto del Hip-Hop, y en España de sus amores repechó su estrellato. Hoy ganará un Grammy; hoy, la masa de nuevos escuchas sabrá sobre ella, donde ahora está, tan cercana a la cúspide; reventarán de sonido Rap su casa con coros y rimas sin igual.

Arianna Puello, foto por Julio Bravo.
El lugar que recibió a la rimadora que te atrapa por el cuello, fue el Soul Dread, ubicado en el Estado de México; ahí donde el Reggae se difunde, ahí, donde el Rap también encuentra su sonoridad, sus localismos del decir, los que venimos del barrio. Entre calles y avenidas, gasolineras sucias y carriles grises. Centros y garitos como dicen en el otro lado del sol que amanece como un toro violento, Ari Puello convocó a su público, los reunió en un sitio lúgubre que consume cartones de cerveza; con una fauna que se comporta como un gorila, aquellas almas fieles que le siguen desde sus inicios, que se saben bien a bien sus letras: que ríen para no llorar, que lo primero es conseguir dinero y evaluar sobre la Ley de Murphy.


La reina del mambo, foto por Julio Bravo.

Muy de temprano comenzó el evento, una lista de teloneros hizo las delicias de la tarde que hervía por admirar a la estrella que Gerona miró crecer y concretarse como la rapera consolidada del fenómeno Rap en España. Hablar de Ari es hablar de peñita bombos y cajones; de un Meswy interpretado por un viejo lobo de mar, que le dio el micro a esa mujer chunga y desde entonces no cesa de versar con acento y forma. Frank T es de sus viejos amigos, Nach y tantos otros que compartieron con la imperiosa agua cristalina de las rimas poderosas de Arianna Puello. Voces y rimas acaloraban el lugar, exponentes nuevos y otros no tanto; gente que rima en los vagones del metro, leyendas del underground como uno de los integrantes de Petate Funky y un micro abierto que levantó más que sorpresas, entretenían a un público con ínfulas de beodos; con un humo constante en una suerte de verde coral que ascendía al cielo. Así acaeció el día; un domingo cualquiera para los amantes del Hip-Hop se transformó en una fiesta callejera. Poco a poco desde el inicio del concierto hasta su punto final, el lugar se fue llenando de manos arriba, gritos y emociones que iban con ganas de disfrutar a la reina del mambo.

Ari súper estrella. Foto por Julio Bravo.

Esta maravillosa buscavida de las letras de asfalto, nos regaló canciones históricas de su carrera, puso a vibrar y a saltar a todo mundo. Todos escuchaban lo que traía, y todo mundo conforme, pues aquella artista se entrega, suda y canta. La preparación y la experiencia que Puello nos revela, engrandece su personalidad explosiva. Es única, esta rapera que nació con sangre y acento del Caribe, es una negra hermosa, madura y siempre entregada a sus fans. Ninguno quedó insatisfecho y por un instante, cada uno de los presentes entendió que Arianna Puello sigue pegando fuerte, con el puño en alto y la voz y las palabras como su mejor trabajo de vida.


La negrita de República Dominicana. Foto por Julio Bravo.